Mi Suicidio
Henri Roorda
Editorial Trama
2004
58 págs.
p.v.p. 7,50 €
978-84-89239-39-5

Sé de un niño de seis años que dijo a su padre: “eres viejo, te vas a morir, te pondrás duro y vas a vivir bajo la tierra”. En “Mi Suicidio” H. Roorda agita el envejecer, el durar, la rigidez fisiológica y la perpetuidad bajo el manto del lenguaje. En 1925 este profesor de matemáticas se dirigió a un amigo “He abusado mucho, de lo mío y de los demás, y eso es irreparable”. Luego terminó con su vida.

Dejó “Mi Suicidio”, una breve descripción del estar entre los hombres y su imposibilidad de continuar entre ellos. Sin alharacas, elegante, neutro y con las razones de peso concisas del punto sobre la i. Todo rimado en un confortable hilo productor de sonrisas. Deseaba una vida fácil y contemplativa imposible de alcanzar. Sin provisiones para la vejez y educado en una familia utópica y progresista que ya de niño le convirtió en el paladín de la criada, pronto comprendió que las buenas causas de la libertad de espíritu únicamente se presentan cuando se cuenta todos los días con los alimentos necesarios. El dinero es la vida futura, puede renovarla y permite al rico elegir. Los pobres sólo pueden continuar. Su persistente falta de provisión para el futuro fue una sólida razón en H. Roorda para desaparecer. Ni siquiera el vínculo que hace sufrir llamado matrimonio le habría salvado. Tampoco la moral, esa perversión que intimida al individuo y da derecho a castigarle. El durar que tanto se ambiciona le era incomprensible y sospechaba que se trataba mas bien de esperar. Se rebelaba ante esa norma de la espera. Rechazaba consagrar la vida como una preparación para la vejez pero contemplando a personas formales se decía “He ahí como debería haber vivido”. Él, que deseaba acariciar unos senos para no estar solo pensaba que el amor perdurable es vano, sentenciado por la naturaleza al acercamiento momentáneo de sexos y condenado a la tristeza por la imaginación. La literatura le era fútil y las conversaciones insípidas. Solo VER le hacía feliz. Pero no lo suficiente para que este jugador prosiguiera jugando sin aceptar las reglas de un juego creado por Dios, que simplemente no había podido hacer otra cosa. “Ese Dios que no se dice nada de nada”.

Texto: Sergio Valdeska / Ilustración: Paula G.

Otros títulos para lectores de Mi suicidio
El diálogo de la salud y otros diálogos filosóficos
Michelstaedter, Carlo
Marbot Ediciones
2009
978-84-936411-6-0
155 pág.
PVP 14,00 €

Por mano propia. Estudio sobre las prácticas suicidas
Cohen Agrest, Diana
Fondo de Cultura Económica
2007
978-950-557-722-4
331 pág.
PVP 18,00 €

Mortal de necesidad. La filosofía, la salud y la muerte
Gabilondo, Ángel
Abada Editores
2004
978-84-96258-02-0
197 pág.
PVP 16,00 €