Léxico familiar
Natalia Ginzburg
Lumen,
2007
272 páginas
ISBN: 978-84-264-1600-1
p.v.p. 17,00 €


Léxico familiar son los diarios de lo que no le ocurre a Natalia Ginzburg, de lo que tiene alrededor pero no le configura, porque contarlo (estando ella fuera, viéndolo todo) es testimoniar que sucedió, no que le sucedió. Entre estos hechos podemos reconocer que hubo algunos que sí sucedieron frente a ella con más fuerza: fueron sucesos importantes Cesare Pavese, su primer marido, sus dos amigas de la madurez o la editorial donde estuvo trabajando. Los reconocemos porque son los momentos contados (cuatro, cinco en todo el libro, no más) donde Ginzburg en persona surge. Pero en todo lo demás -y también en esos momentos- nos parece que ella está sola, andando despacio y sin hacer ningún ruido, rodeada apenas con su prosa que se ríe de la prosa y atemoriza a los grandes narradores porque les tutea, pasando a unos centímetros del suelo entre su familia, de la que recuerda el léxico, un idioma que no habló, que escuchó hablar.

Esto es,
Natalia Ginzburg (1916-1991) escribe Léxico familiar para decir que estuvo allí pero, sobre todo, para dejar constancia de que convivió de forma más o menos epidérmica con todo eso. Que ella, en el léxico familiar, no es nadie más que un número de hermano: una niña silenciosa, un mujer silenciosa. Sabemos que los niños que no hablan hablan sin parar por dentro. Si le preguntáramos a Natalia Ginzburg, quizá viniendo de un viaje o de una cena, de madrugada, por el sentido de sus silencios nos diría: "en realidad, no tienen ningún sentido. Podría hablar, pero callo y entonces hago el silencio", como una vez dijo una chica francesa. Es el misterio de la niña Ginzburg, el misterio que de repente se abre de golpe por el viento en esta forma de escribir que parece de campo y que es de carácter, donde se agazapa y salta la poesía. Es el misterio que rodea a esta mujer que decide llamarse Ginzburg y no Levi. Leemos a Ginzburg para estar a su lado en el coche que nos lleva a su casa en las afueras. La leemos para alcanzar por contagio -tose Ginzburg, Ginzburg está en el aire- un poco más de lo secreto.

Texto: Javier Casacuberta / Ilustración: Paula G.

Otros títulos para lectores de Léxico familiar:
Querido Miguel

Natalia Ginzburg
Acantilado, 2000
216 páginas
978-84-9535-921-6

p.v.p. 11,50 €

Las palabras de la noche
Natalia Ginzburg
Pre-Textos, 2001
128 páginas
978-84-8191-399-6

p.v.p. 12,01 €

La luna y las hogueras
Cesare Pavese
Pre-Textos, 2002
197 páginas
978-84-8191-437-5

p.v.p. 17,00 €

El bello verano
Cesare Pavese
Pre-Textos, 2006
160 páginas
978-84-8191-730-7

p.v.p. 17,00 €

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que Léxico familiar brilla más por el ejercicio de autoconciencia que supone la reflexión lingüística. A través de las palabras se reconstruye la identidad personal y familiar, se establece el eje de coordenadas de la relación intrafamiliar, se recuperan esas pequeñas gemas del entorno particular que también colaboran -y mucho- en la edificación de un espacio vital entrañable.

Anónimo dijo...

gran comentario, amigo anónimo, gracias. es otra forma de ver el asunto. supongo que cada lector encuentra en un libro aquello que le parece -tan subjetivo- útil. una reflexión en torno a la identidad de la mano del propio lenguaje, de la semántica-gramática-sintaxis, es lo propio del escritor, y más si escribe diarios, no?

por otro lado... no sé, me gusta más ver en el entorno de ginzburg un espacio no entrañable: por eso decía que ginzburg, en la familia, es un número de hermano. creo que igual que muchos lectores, vamos a ir corriendo a leer otros libros de ella, a encontrar la parte de ella que nos quiera enseñar.

javier c.

Anónimo dijo...

Gracias a ti por la generosidad del comentario. Hace tiempo que leí el libro y no recuerdo en qué medida la autora se distancia de aquello que está narrando. De todos modos, y como muy bien dices, ambas lecturas son igual de validas. Un saludo. Jose